Desde pequeño he odiado el circo (el tradicional), pero ese sentimiento se quedó ahí hasta que mi padre me lo recordó en una comida familiar con una de sus frases "¡pero si a tí el circo no te ha gustado nunca!", a cuento tras mi grandísima perorata defendiendo Cirque du Soleil. "Normal" le tuve que decir, los olores que recuerda mis fosas nasales hacían de ese espectáculo una aberración del divertimento familiar y español.